El Salobral: la finca donde se aprende a hacer vino

21 de enero de 2026

Bodegas Mateos

Hay viñas que producen uva.
Y hay viñas que forman personas.

La finca El Salobral, también conocida como La Muga por marcar la linde entre Rincón de Soto y Alfaro, pertenece a este segundo grupo. Para la familia Ruiz Moreno, y especialmente para Mateo, no es solo un viñedo: es un lugar de origen, aprendizaje y memoria.

UNA FINCA LIGADA A LA INFANCIA

Los primeros recuerdos de Mateo están allí.
A principios de los años 80, cuando la familia iba a la viña, los niños no se quedaban en casa. El campo era el salón, el patio y la escuela.

El viaje se repetía una y otra vez: el tío al volante, la abuela Guillermina en el asiento del copiloto, y dos niños detrás sin saber que aquel trayecto acabaría formando parte de su historia personal. Ayudaban en lo que podían, aprendían observando y convivían con el ritmo del viñedo.

La vendimia llegaba a finales de verano. El botijo y la bota pasaban de mano en mano entre los jornaleros, el olor a sarmiento quemado llenaba el aire y las chuletas se asaban mientras el sol bajaba. El tiempo transcurría de otra manera: se vendimiaba, se descansaba y el año parecía más largo.

DE VIÑA FAMILIAR A ESCUELA DE VITICULTURA

Con el paso de los años, El Salobral dejó de ser solo un lugar de infancia. Se convirtió también en un espacio de aprendizaje técnico.

A finales de los años 80, la finca empezó a acoger ensayos agrarios relacionados con el manejo del viñedo. Durante más de una década se realizaron pruebas de riego, nutrición y equilibrio de la cepa, siempre con una idea clara: observar, medir y aprender antes de decidir.

Por la finca pasaron ingenieros, agrónomos y técnicos que hoy ocupan puestos relevantes en universidades y empresas del sector. Para Mateo, aquello fue una universidad práctica: aprender viendo cómo una cepa responde al riego, cómo influyen pequeñas decisiones en la uva y cómo el tiempo es una variable más del viñedo.

No todos los ensayos dieron resultados útiles. Pero el conjunto de años, pruebas y datos creó algo mucho más valioso: criterio.

LA PERSONALIDAD DEL VINO EMPIEZA EN LA VIÑA

Con el tiempo, ese aprendizaje fue dejando una idea muy clara: un vino no nace por casualidad.

La personalidad de un vino se construye a partir de varios elementos: la uva, lo que ocurre en la bodega y las decisiones de la persona que lo elabora. Pero antes de todo eso está el viñedo y la forma de entenderlo.

Cómo se poda, cuándo se riega, cómo se gestiona el vigor de la cepa o cómo se responde a cada año climático son decisiones humanas que influyen directamente en el resultado final. El suelo y el microclima marcan el camino, pero el manejo define el equilibrio.

Ese conocimiento no se adquiere en un solo curso ni en una sola vendimia. Se construye durante años, volviendo una y otra vez a la misma finca y aprendiendo a leerla.

UN LEGADO QUE SIGUE VIVO

El Salobral ha sido infancia, hogar y escuela. También ha sido un lugar al que siempre se vuelve.

La abuela Guillermina siguió paseando por los viñedos hasta los 85 años, acompañada por Mateo. Y siempre terminaban allí. Quién marcaba el rumbo nunca se decía en voz alta.

José Luis, Guillermina y el tío Martín

Hoy, esa finca sigue siendo una referencia para la bodega. No solo por lo que produce, sino por todo lo que ha enseñado. Porque hay viñas que dan uva…
y hay viñas que enseñan a hacer vino.


En los próximos meses, la bodega presentará una edición conmemorativa elaborada exclusivamente con uva de la finca El Salobral, como parte del aniversario de su historia. Una forma de poner en botella todo este recorrido.